Convenciones, comunicación y lectura

Convenciones, hay muchas. Considerables son, por ejemplo, la Convención de Ginebra, la Convención Europea de Derechos Humanos y la Convención sobre los derechos del niño. Hay otras de menos magnificencia, como las convenciones de negocios o las de cómics. Famosas, las tenemos demócratas y republicanas. Sociales, millones. Arcaicas, actualizadas, primordiales o banales. Todas ellas, indiscutiblemente, tienen un acompañante inseparable, la comunicación, que puede ayudar a convertir en incuestionables costumbres auténticas chorradas, quitar importancia a extremos que tendrían que ser del todo innegociables e, incluso, transformar en naturales auténticas aberraciones. Goebbels, el ministro de propaganda nazi, lo sabía muy bien. Y quizás, si sus divulgaciones hubieran tenido faltas de ortografía y una expresión dudosa, no hubiera sido tan eficaz. Porque hay una convención que en lugar de valerse de la comunicación, lo que hace es amenazarla implacablemente: la convención ortográfica.

La corrección del lenguaje es necesaria para una buena comunicación. La ortografía siempre ha sido un campo de batalla, una discusión continua. Ahora, incluso, hay quién defiende la no utilización de las reglas ortográficas con la excusa de que los receptores lo entienden igual. Para mí es una cuestión de civismo. Del mismo modo que quién deja que su animal doméstico haga sus necesidades en medio de la acera y piensa que ya lo recogerán los encargados de la limpieza viaria, quien escribe mal, piensa que ya se devanará los sesos el lector para entender lo que quiere decir. Después, que el pueblo esté sucio es culpa del Ayuntamiento y, además, escribo mal y me alegro de hacerlo, porque quienes lo hacen correctamente, son unos prepotentes.
La ortografía y la expresión en un escrito son respeto hacia los demás. Valoramos que el receptor nos entienda correctamente y no darle importancia es ser desconsiderado. Escribir mal y considerarlo un rasgo característico del pueblo llano es un error considerable. En la actualidad, prácticamente todos los ciudadanos y ciudadanas van o han ido a la escuela. No estamos hablando de la época de nuestros abuelos o nuestros padres. Y, en ese caso, merecen todo el respeto las personas que, aunque no han ido a la escuela o han padecido un sistema educativo más que dudoso, sufren por no saber escribir o por si lo hacen mal. Históricamente, hay clases sociales donde las faltas de ortografía no son faltas de dignidad. Ahora bien, una cosa no quita la otra y, actualmente, querer diferenciarse de ciertas clases sociales porque no nos expresamos correctamente, es una cosa tan ridícula como absurda. Quien no tiene ningún interés en escribir bien, es un incívico.

Forges. Leer y escribir

Uno de los principales recuerdos de cuando estaba cursando mis estudios de Ingeniero de Caminos en la Universidad Politécnica de Valencia, fue el comentario que nos hizo uno de los Catedráticos que nos daba clase, después de un examen. Afirmó categóricamente, con la seguridad y el aplomo que requería la situación, que un Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos no podía cometer ni una sola falta de ortografía. Posteriormente, nos amenazó, de manera justísima, con un suspenso, en el caso de que en los futuros exámenes detectara esta situación. ¿Qué imagen daría un Ingeniero de Caminos en el mundo laboral redactando de manera incorrecta? Él sabía perfectamente que una buena ortografía da la impresión de que quién escribe es serio y fiable. Y también sabía perfectamente que expresarse correctamente nos da seguridad y nos ayuda a dejar de lado ansiedades y sentimientos de malestar en según qué situaciones. Hemos llegado a auténticos extremos cuando, en las facultades de Filología, el profesorado está realmente preocupado porque los futuros filólogos, los futuros científicos lingüísticos, hacen una cantidad terrible de faltas de ortografía en los trabajos y exámenes de asignaturas como Lingüística, Análisis de Textos o Literatura. Una situación que tendría que ser del todo intolerable.
Entender y expresarse de manera adecuada es indispensable. La base de cualquier conocimiento que queramos adquirir o enseñar. La ortografía forma parte de la expresión escrita y, muchas veces, cuando veo la degradación a la que está llegando, me viene a la mente la importancia de la lectura. ¿Cómo conseguir que el alumnado y que la sociedad en general mejore su expresión escrita? Sin ningún tipo de duda, leyendo. Leyendo mucho. Muchísimo. Leer textos escritos correctamente nos ayuda a interiorizar estructuras, vínculos, expresiones y palabras. Nos da agilidad mental y aumenta nuestro vocabulario. Convenciones, comunicación y lectura. Leemos, comunicamos bien. Leemos y nos hacemos entender. Leemos, entendemos y podremos saber qué convenciones son trascendentales y cuales son insustanciales.

Imagen portada: federico novaro via Foter.com / CC BY-NC-SA

Deja un comentario