Mercè Rodo… ¿Qué?

Al parecer, pocas personas saben fuera de Cataluña quién era esa mujer invisible que escribía en un catalán espléndido unas novelas hermosas y duras como no se encuentran muchas en las letras actuales. Una de ellas -La plaza del Diamante- es, a mi juicio, la más bella que se ha publicado en España después de la guerra civil.

He extraído la introducción de un artículo de opinión que, hará un par de días, compartí en las redes sociales. Un artículo publicado el 18 de mayo del 1983 por el periódico El País y escrito por alguien que no debía de tener demasiada idea de literatura. Este Gabriel García Márquez, que no fue nunca capaz de escribir nada que tuviera un mínimo sentido, se preguntaba cómo era posible que prácticamente nadie fuera de Cataluña, supiera quién era Mercè Rodoreda. Menos mal que los españoles, que podemos disfrutar de una historia común maravillosa y enriquecida a lo largo de años y años de respeto y comprensión, somos conscientes de la nula importancia de esta Merche con e cerrada, así como de la evidencia de que una lengua con 7 vocales es absolutamente improductiva e ineficiente. ¡Extranjeros ignorantes tendrían que venir a explicarnos lo que tenemos en nuestra casa!
Este ejemplo perfecto de artículo publicado por un escritor sin ningún tipo de relevancia, continua explicando que, la razón de que se la conozca tan poco, aun dentro de España, no puede atribuirse a que hubiera escrito en una lengua de ámbito reducido, ni a que sus dramas humanos transcurran en un rincón secreto de la muy secreta ciudad de Barcelona, pues sus libros han sido traducidos a más de diez idiomas y en todos ellos han sido objeto de comentarios críticos mucho más entusiastas de los que merecieron en su propio país. Claro. Y yo podría añadir que, sin tener en cuenta el ámbito geográfico mediterráneo, desde Alicante hacia arriba, muy probablemente en Alemania tendrán mucho más claro quién era Ramon Llull de lo que lo tienen dentro de nuestro país. Eso sí, tenemos la suerte de compartir epopeyas, crónicas e incontables romances historiográficos con todos los territorios españoles, que por eso somos una patria humilde y cosmopolita que tiene en cuenta el bienestar de las diferentes idiosincrasias y culturas. Por este motivo todos los caminos llevan a Madrid. Al menos los del AVE. Y los de las autopistas que no son de pago también.

Gabriel García Márquez
Arturo Espinosa via Foter.com / CC BY

Me parece increíble que en el estado español no se conozca una figura de la importancia literaria y cultural de Mercè Rodoreda. Del mismo modo, me parecería increíble que en nuestro ámbito territorial más próximo no tuviéramos noticias de Delibes o pensáramos que La Regenta es un hostal de Cuenca. Pero como la historia común la han escrito ellos, nuestro Quadern Gris ha quedado sepultado bajo el peso de La familia de Pascual Duarte. Así, no puedo entender que en los centros escolares se hable sin cesar de las catedrales de Burgos, León y Toledo y no se nombre prácticamente para nada la de Mallorca. Que se incida muy poco en la importancia histórica de dos ciudades como Barcelona y Valencia, mucho mayor a lo largo de los siglos que la de muchas ciudades españolas o que no se explique que nuestra geografía está dibujada por multitud de pequeños campos, con muchos propietarios diferentes, en lugar de los grandes latifundios castellanos o andaluces.
Por todo esto, una mayor libertad de currículums y de materiales me parecería interesantísima. Porque poder explicar a nuestros alumnos las tramas urbanas de los centros históricos a partir de la ciudad de Valencia en lugar de la de Toledo, o explicar la expulsión de los moriscos a través del puerto de Dénia, en lugar de la expulsión en la ciudad de Granada, seguramente provocaría que se lo tomaran con más interés. Reivindicar las culturas locales y cuidar los orígenes y nuestras raíces, en la educación, es primordial. Y si les da miedo que se pierda una trillada historia común de 300 años, peor lo tienen los musulmanes, que estuvieron aquí desde el año 711 hasta el 1492. De todas maneras, si algún representante de la visión histórica parcial de España se ha sentido ofendido, le recomendaré sin ningún tipo de duda que lea Cròniques de la Veritat Oculta. Si uno de los objetivos del currículum fuera entender a Pere Calders y a su ironía, a todos nos iría mucho mejor.

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