La importancia de la calidad

La semana pasada, una vez lanzada la página web y las redes sociales asociadas, inicié la nueva fase del proyecto que llevo entre manos con las primeras de las muchas visitas que haré a diferentes centros educativos para dar a conocer mis ideas. Aunque había contactado con ellos mediante correo electrónico y estaba esperando una respuesta para acercarme un día y a una hora en la que al equipo directivo no le supusiera ningún inconveniente atenderme, decidí que mi primera visita debía ser al I.E.S. Arabista Ribera de Carcaixent. Lo hice por dos razones. La primera porque me abrieron las puertas de su casa para hacer el estudio de aplicación del Project Management al funcionamiento de los centros educativos.Logotipo Arabista Ribera Después de pasar con ellos tres meses, consideré que debían ser los primeros en conocer lo que estoy haciendo. Además, quería saber su opinión y averiguar como están funcionando las medidas que habíamos ideado y que habían empezado a aplicar, paulatinamente, a lo largo de este curso escolar. Como podréis observar, una razón bien lógica. La segunda, se explica con los hechos que han acaecido en las instalaciones del centro y que, hacía tan solo unos días, habían salido en prensa: los desprendimientos que han obligado a cerrar algunas zonas como medida de seguridad. Esta última razón ya no es tan lógica y podéis pensar que soy una persona, diríamos que, excesivamente curiosa. Efectivamente, soy un poco “cotilla”, pero quizá si tenéis en cuenta que soy Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y que, durante el tiempo que estuve con ellos, pude observar las deficiencias relacionadas con lo que después ha pasado a ser noticia, entenderéis que no es más que defecto profesional. ¡Ingeniería y educación todo junto! ¿Qué más podía desear?
El martes, después de revisar el correo y realizar algunas tareas pendientes, apagué el ordenador y, después de levantar a mi hijo de la cama y dejarlo en la guardería, me dirigí hacia el I.E.S. Al llegar, aparte de las zonas donde ya sabía que había problemas con grietas, me encontré que habían acotado una de las áreas habitualmente más concurridas del patio y, según me comentaron, el problema se había generalizado en todos los edificios. Las grietas que había conocido durante mi estancia en el centro, coincidían en tipología en tres puntos determinados del patio interior del centro y quizá, pueden explicarse en cuanto a que en esos puntos concretos, coinciden dos materiales diferentes (hormigón y ladrillo “cara vista”), atados completamente entre sí por vigas de acero, lo que limita completamente la independencia de movimientos.

“… la gestión de la calidad no ha sido del todo correcta y por eso se ha llegado a esta situación.”

Es plausible pues, que al asentar el terreno y como el muro de hormigón y el de ladrillo “cara vista” no lo están haciendo de la misma manera porque la carga que trasladan sobre el terreno es diferente, esta falta de independencia de movimientos provoque grietas en el material más débil, en este caso, el ladrillo “cara vista”. Además, teniendo en cuenta que la actual construcción se ha hecho encima del instituto viejo, el problema aún es mayor, ya que el movimiento, al demoler primero los edificios viejos y descargar el terreno, para posteriormente volver a cargarlo con la construcción actual, se incrementa. No querría que esto lo tomarais como una verdad absoluta. Los conocimientos y la experiencia de seis años gestionando proyectos de edificios industriales y de obra civil me animan a sacar la conclusión anterior, pero os tengo que decir que dado mi desconocimiento absoluto de los documentos del proyecto y la ejecución de la obra, entrar a hacer disquisiciones sobre las causas del problema, quizá es demasiado aventurado. Eso sí, una vez visto que el problema se ha extendido a otros puntos, con características estructurales diferentes y que, por lo tanto, ya no se trata de un problema puntual, lo que sí que me gustaría es dejar patente que, bajo mi opinión, la gestión de la calidad, tanto en la fase de diseño como en la fase de obra, no ha sido del todo correcta y por eso se ha llegado a esta situación.

“La gestión de la calidad pretende conseguir que el proyecto cumpla todos los requisitos y expectativas para los que se ha decidido emprenderlo.”

La gestión de la calidad pretende conseguir que el proyecto cumpla todos los requisitos y expectativas para los que se ha decidido emprenderlo. La finalidad última es que el proyecto y el producto sean “fitness for use”, es decir, idóneos para su uso: el resultado debe satisfacer necesidades y expectativas reales. Si tenemos en cuenta que uno de los requisitos principales, que los edificios se puedan utilizar adecuadamente y, además, con las condiciones de seguridad adecuadas, no se ha cumplido, podemos afirmar que la gestión de la calidad no ha sido la adecuada. Uno de los enfoques modernos de la calidad establece que ésta debe ser conseguida mediante planificación y diseño, no mediante inspección. El coste de prevenir errores es generalmente mucho menor que el coste de corregirlos cuando son detectados por una inspección. Y en este caso, aún es peor, ya que los defectos no se han detectado mediante inspección, sino que han llegado al cliente: son costes debidos a la ausencia de calidad, costes ocurridos después del proyecto debido a errores y defectos.
La gestión de la calidad de un proyecto incluye los procesos de planificar la calidad, realizar el aseguramiento de la calidad y realizar el control de la calidad. El QC (Quality Control) implica supervisar los resultados específicos del proyecto: mide y verifica que están completos y correctamente finalizados. El QA (Quality Assurance) es el proceso de auditar sistemáticamente el grado de cumplimiento de los requisitos de calidad, asegura que el proyecto utilice todos los procesos necesarios para cumplir con estos requisitos. En los proyectos de obra, el aseguramiento de la calidad adquiere mucha importancia frente al control de la calidad, ya que no podemos esperar a que el producto esté finalizado para controlar si es adecuado o no. ¿Os imagináis los costes que implicaría derribar un puente y volverlo a hacer si al realizar la prueba de carga no cumplimos los requisitos adecuados para abrirlo al tráfico y como solución lo único que podemos hacer es rehacer el puente? Por lo tanto, aplicar sistemáticamente las actividades planificadas relativas a calidad a lo largo de las fases de diseño y construcción es una cuestión capital.

Gestión calidad según el PMBOK

Llegados a este punto, me gustaría trasladar lo que estoy comentando a los proyectos que se llevan a cabo en el ámbito educativo. El proceso de aseguramiento de la calidad tiene muchísima importancia y debemos fomentar esta idea para gestionar de forma más adecuada los proyectos. No podemos esperar a acabar un entregable para controlar su calidad, ya que los encargados de realizar el proyecto tienen un tiempo muy limitado para dedicarle (el 67% de su horario laboral lo dedican a tareas directamente relacionadas con la docencia y del resto, gran parte lo deben dedicar a preparar clases, exámenes, etc.). Esto, junto con las características de funcionamiento de los centros educativos, en los que la aprobación de gran parte de las cuestiones va ligada al visto bueno de diferentes órganos de gobierno, provoca que sea realmente complicado volver a realizar los entregables otra vez en el caso de que no se cumpla con los estándares y métricas. Además, debemos destacar que cada curso escolar que pase sin que hagamos las cosas de la mejor manera posible supone que un gran número de alumnos perderán la oportunidad de aprovechar las actividades y el nuevo funcionamiento del centro.
Por supuesto, debemos llevar un control de calidad para supervisar los resultados de la ejecución de las actividades y obtener medidas para alimentar al proceso de aseguramiento, pero es el aseguramiento el que nos facilita un paraguas para otra actividad importantísima de la calidad: la mejora continua de los procesos, que proporciona un método y un medio para mejorar iterativa y metódicamente todos los procesos del centro educativo, reducir las actividades inútiles, las que no agregan valor y permitir que los procesos operen a un mayor nivel de eficacia y eficiencia.

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